lunes, 20 de febrero de 2017

LA SENTENCIA



Los acusados en el banquillo
Tras varios años de investigación e instrucción el caso Nóos ha llegado a su etapa final. Ahora solo queda ver como prospera o no el recurso ante el Tribunal Supremo. Sentencia que no por esperada ha dejado de sorprender.
Los dos principales autores, Iñaki Urdangarín y Diego Torres, han sido condenados a varios años de cárcel, absolviendo a las esposas de estos. Si bien el fiscal solo veía inocente a la infanta, que al final ha sido solo condenada a reintegrar  265.088 €, por lo que le devolverán la diferencia entre lo depositado en diciembre de 2014 y la sanción impuesta, unos 372.000 €.
Todo parece indicar que tanto Urdangarín como Torres no ingresarán en prisión. El fiscal duda entre hacer la petición o no. Tampoco parece muy lógico pedir ahora el ingreso en prisión si antes no se hizo porque no había riesgo de fuga. ¿Lo hay ahora?
Polémica portada de un diario de Navarra
En su artículo en EL ESPAÑOL, el ex-juez (hoy en excedencia) Javier Gómez de Liaño, hace una serie de reflexiones que sin decantarse por ningún supuesto; defiende la rectitud, preparación y comportamiento de las tres magistradas, considera que una absolución en asuntos como éste es siempre un error y tacha de “confabulación de abogados sin escrúpulos” la actuación de Manos Limpias. Son opiniones, sin duda, de un profundo conocedor del Derecho y persona poco sospechosa de defender intereses ocultos.
Pero somos muchos, sin tal conocimiento profundo del Derecho, los que nos dejamos llevar por una serie de hechos probados, que de haber sido otro u otra quien los hubiera realizado, no habría tenido la llamada "pena del telediario" y sí hubiera sido condenado o condenada de forma más dura o contundente.
Y aquí es donde vuelve a tomar mucho sentido aquella frase pronunciada por quien hoy preside el Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, “Las leyes están hechas para los robagallinas”.
Pedro J. Ramírez en "Es la mañana"
Esta mañana escuchaba en la radio a un periodista como Pedro J. Ramírez que también se ponía de perfil ante la sentencia y daba todo el valor al hecho de que se había juzgado a una infanta de España, en la línea de lo que también opinaba otro periodista, siempre alineado con las tesis oficialistas. Muy al contrario de lo que argumentaba el director del programa, Federico Jiménez Losantos, siempre vociferante y en ocasiones faltón, pero a veces con más razón que un santo.
Para mi, así como para muchos españoles que no somos de Podemos ni de Izquierda Unida, creo que no se ha llegado al lugar donde se tenía que haber llegado, que no es otro que la condena de la infanta como colaboradora necesaria y por lucrarse del dinero público obtenido con premeditación, alevosía y engaño.
Sí, es un tema delicado, pero una sociedad de más de 45 millones de habitantes necesita una justicia equitativa y ejemplarizante. Y pienso que no la ha habido.